El horizonte objetivo. Reflexiones sobre el concepto mundo externo en Pichon-Rivière

Campo de Trigo
Campo de Trigo - Vincent Van Gogh.

“El hombre es una caja de resonancia, es paisaje que anda”. Atahualpa Yupanqui

Introducción

En este artículo exploraremos el concepto mundo externo, apuntando a especificar sus componentes e intentar “abrirlo”. El objetivo es visualizar las dimensiones que lo componen para lograr una imagen más concreta, menos genérica.

Previamente focalizaremos el otro polo de la relación, deteniéndonos sintéticamente en la consideración de los componentes del mundo interno (o grupo interno).

Considerados mundo interno y mundo externo, en la singularidad de las categorías que los forman, estudiamos los nexos que permiten el intercambio entre ambos.

Dentro del todo concreto que constituye el objeto de la Psicología social, esto es, la relación entre subjetividad y proceso sociohistórico, se focalizará en este artículo la dimensión de lo objetivo, pero, como se verá nos encontraremos con la sorpresa de que los conceptos fundamentales de la teoría de Pichon-Rivière, suponen la simultánea consideración de lo subjetivo y lo objetivo.

Luego de varios años de enseñar y compartir la indagación de los conceptos Mundo Interno y Grupo Interno, propuestos por Pichon-Rivière como nociones pertinentes a la exploración y operación sobre lo subjetivo, se nos presentó la inquietud y oportunidad de variar la dirección de nuestros esfuerzos pedagógicos.1. Nos dirigimos al otro extremo de la cuestión y reorganizamos el Programa de la materia que dictamos de la siguiente manera: 1) La relación mundo interno-mundo externo, 2) El mundo y grupo interno, 3) El mundo externo, 4) La relación interno – externo, aspirando a que la vuelta al problema de esta relación sea de tipo práctica, a partir del análisis de situaciones concretas.

Adjudicar una unidad temática al problema del mundo externo forzó la necesidad de definir el concepto, especificar sus dimensiones y elaborar algunas primeras definiciones operacionales que lo aproximen a sus referentes empíricos. Apuntamos con ello a superar cierto cono de sombra sobre un concepto que pasa desapercibido por considerárselo obvio o es abordado desde el punto de vista filosófico, sin hacerlo en el nivel teórico específico de nuestra disciplina.

El concepto Mundo externo ofrece dificultades teóricas y prácticas. En tanto entidad cognitiva, en tanto representación del mundo externo, está sujeta a resistencias psicológicas. Estas se expresan en la omisión de su tratamiento teórico específico o en la sobreutilización abstracta del término.

La subutilización se produce sobre todo a partir de la influencia de teorías psicológicas que definen como objeto de estudio al “psiquismo”, la “conciencia” o el “inconsciente” o los “procesos cognitivos”, dejando por fuera el extenso problema de la realidad externa.

La “sobreutilización” se produce cuado se lo refiere a través de un uso pre-conceptual, empírico y puramente afectivo. Se habla de un “mundo externo”, una “realidad objetiva” más con el fin de puntuar la comunicación, señalando una posición de autoridad, que refiriendo a hechos determinados sobre los que intenta reflexionarse.

La imagen de la infinitud

El sujeto es habitado por los paisajes que recorre y con los que resuena. Al decir de Yupanqui, “el hombre es una caja de resonancia”, y por ello, “paisaje que anda”. El paisaje es a la vez concreto y simple aunque a la vez, en la visión del poeta, siempre algo insondable.

La infinitud que existe hacia “adentro” del sujeto (su mundo interno) se corresponde con otra, igualmente compleja y caleidoscópica, la existente hacia “fuera” del sujeto (hacia el mundo externo). Mundo interno y mundo externo, subjetividad y mundo objetivo son universos que se remiten, se entrelazan y se delimitan. Uno tiene al otro como horizonte y mediación. El sujeto es emergente y protagonista, en cada aquí-ahora, del encuentro de ambas dimensiones.

El infinito I (Mundo Interno) requiere del “microscopio”, un instrumento para percibir movimientos y mecanismos casi invisibles, como son las técnicas del yo, las estructuras vinculares con sus fantasmas básicos, las emociones, etc.

El infinito E (Mundo Externo) precisa del “telescopio”, diseñado para observar grandes extensiones de elementos aparentemente dispersos que pertenecen, sin embargo, a un conjunto interaccional que se rige por una lógica poco visible pero eficaz.

Ambos infinitos, el interno y el externo, pueden ser abordados desde la Teoría de Enrique Pichon-Rivière, particularmente desde su Teoría de la conducta (que es el nombre que recibe su Teoría del Sujeto) y el Esquema de los Ámbitos, con la cual apuntó a subrayar los contextos sociales que intervienen en toda conducta humana. La Teoría del Sujeto y el Esquema de los Ámbitos abarcan, cada uno, la relación mundo interno y mundo externo, aunque focalizan o profundizan, cada uno de ellos, un polo de esta relación fundamental.

Las dimensiones del mundo y grupo interno

Pichon-Rivière en 1956 se refirió a un “mundo interno de naturaleza grupal e interpersonal”. Acuñó, en 1959, el concepto de grupo interno. La elaboración de este concepto fue realizada en el marco de un trabajo de intensa interrelación de prácticas y perspectivas psicológicas, sociológicas y filosóficas. En el mismo intervinieron como influencias fundamentalmente las ideas de S. Freud, M. Klein y, particularmente, G.H.Mead.

En la concepción de Pichon-Rivière la subjetividad está configurada como un mundo interno habitado por personas, personajes, roles, contextos, paisajes y objetos inanimados. En el paisaje interno cuentan no sólo personas y personajes sino también la geografía y la ecología aportada por la naturaleza. A esto refiere el concepto “ecología humana interna” que si bien fue elaborado hacia fines de los sesenta, se basó en ideas que comenzó a formular desde sus mismos comienzos, allá por la década del treinta (Fabris, 1999). Cada uno de esos elementos o series de elementos, son las dimensiones específicas del mundo o grupo interno, en la definición que de ese concepto hizo Pichon-Rivière.

Las dimensiones del grupo interno están formadas por series de:

  • Personas
  • Personajes
  • Roles sociales interiorizados (vinculares, grupales, institucionales y comunitarios)
  • Objetos inanimados significativos2
  • Escenarios naturales (paisajes)
  • Escenarios o contextos
    • vincular (sujeto, otro y tercero)
    • grupal o interaccional
    • institucional
    • comunitario
    • social amplio
    • histórico
  • Self (sí mismo)

Cada uno de estas unidades o dimensiones del Grupo interno pueden contextuarse con relación a los diferentes ámbitos:

  • Vincular (otro y tercero)
  • Grupal o Interaccional
  • Organizacional
  • Comunidad inmediata (barrial, urbano, rural, pueblo, etc.)
  • Histórico-Social
  • Escenario natural

…y relacionarse a las Áreas de la mente, cuerpo y mundo externo, a partir de las depositaciones que realiza el sujeto y las que recibe de cada uno de los contextos de los que participa. Los contenidos del mundo o grupo interno están articulados en argumentos sobre los que operan ansiedades, conflictos y mecanismos o técnicas del yo. Estos argumentos no son por lo general evidentes; se infieren de los modos del pensamiento verbal (o lenguaje interno) y las representaciones (fantasías) inconscientes. Las imágenes plásticas y verbales forman una estructura estructurando con las ansiedades (emociones), sobre las que pivotean y con las necesidades (estructura de necesidades) en que se fundamentan. Las percepciones y sensaciones emergentes en cada aquí- ahora de la vida del sujeto se relacionan estrechamente con los argumentos de su mundo interno.3

El sujeto, a pesar de los múltiples paisajes y personajes que lo habitan/tironean/desgarran, presenta cierta inevitable consistencia, dada por su ser, o más bien su ir-siendo. Como escribió Mario Benedetti y comenta Daniel Viglietti, el hombre es “contradicción que busca afirmación”. La consistencia subjetiva incluye no solo las amenazas de inconsistencias que brinda el drama y conflicto de las identificaciones múltiples de tipo consciente sino también las dimensiones regresivas de la subjetividad, referidas a interpretaciones arcaicas de las relaciones vinculares y sociales así como una dimensión siempre algo caótica e insondable constituida por la situación límite de la ambivalencia y la curiosa dificultad que implica el reconocimiento de la alteridad, del otro como otro, problemática asociada a otra comprensiblemente angustiante, la de la finitud.

Mundo externo

La complejidad y multidimensionalidad con la que conecta la reflexión sobre el Mundo interno vuelve a encontrarse cuando se aborda la problemática del Mundo Externo. Este último no tiene nada que envidiarle, en términos de complejidad, al mundo interno. La extensión y complejidad que describe el concepto Mundo Externo es similar a la que describe el concepto Mundo Interno; ambos se presentan como infinitos y caleidoscópicos.

En los escenarios de la vida social se encuentra la misma profundidad que se encuentra en el Mundo interior; los mismos escotomas, disociaciones y desgarramientos. También se encuentran las mismas necesidades, potencias y posibilidades.

Antes de sugerir una definición del concepto proponemos al lector de este texto realizar el siguiente ejercicio. Lo invitamos a evocar algún recuerdo que considere importante, curioso y/ó extraño. Puede tratarse de un recuerdo o una serie de recuerdos ubicados en tiempos distintos o en un mismo tiempo. Le pedimos que confeccione una lista e identifique luego las situaciones externas que rodearon la vivencia evocada. Le pedimos ahora que establezca relaciones entre texto y contexto del recuerdo.

¿Cómo es la relación de cada vivencia con la situación referida? ¿Qué del mundo exterior pudo haber condicionado y/o configurado el proceso interno registrado en términos de vivencia o recuerdo?

En otra dirección del análisis puede pensarse también: ¿Qué del mundo externo actual (del aquí-ahora-con otros) puede estar condicionando la evocación de este/estos recuerdo/s y no otro/s?

Podemos ahora sumergirnos en la reflexión teórica. Comencemos por señalar que la pertinencia de su consideración fue subrayada por la Psicología social a través de conceptos como realidad externa, condiciones concretas de existencia, contexto vincular y social, etc. Desde esta teoría focalizamos procesos y contextos que en calidad inicial de factores externos, determinaron y determinan la subjetividad, condicionándola tanto como configurándola, moldeándola en cada aquí-ahora tanto como produciéndola, creándola.

Dos grandes perspectivas filosóficas se expidieron sobre el asunto dando a uno u otro término de la relación, mundo interno-mundo externo, la prioridad. La ya milenaria polémica gira en torno a la cuestión de qué se entiende por determinante -en última instancia- en la relación de lo material y lo espiritual. Estas dos perspectivas, Materialismo e Idealismo, tienen cada una, variantes Dialécticas y Metafísicas, que subrayan la tendencia a la transformación y cambio, la primera y la tendencia a la permanencia, la segunda. Las distintas corrientes filosóficas se ubican, con infinitas variantes y matices, muchos de ellos importantes, en las coordenadas que ofrecen los cuatro conceptos: materialismo, idealismo, metafísica y dialéctica.

Si la filosofía se ocupa, desde el punto de vista del marxismo, del conocimiento de las leyes más generales del pensamiento, la naturaleza y la sociedad, es comprensible que la Psicología (ciencia de lo particular) se ubique en alguna de las coordenadas que la filosofía admite y ofrece. La dimensión filosófica, aún cuando necesariamente abstracta y general, delimita cuestiones definitorias respecto de lo concreto y singular que aborda cada ciencia.

El pensamiento de Pichon-Rivière se ubica explícitamente en la perspectiva del Materialismo Dialéctico, en lo referido a lo filosófico, y en lo que hace a la concepción de la historia, en el Materialismo Histórico. Estas influencias, junto con otras, importantes pero de menos significación relativa, como las de la Gestalt, la Fenomenología, el Estructural Funcionalismo, el Existencialismo y el Estructuralismo Genético, estuvieron presentes en el movimiento de fundación y desarrollo de la teoría que Pichon-Rivière denominó Psicología Social.

Desde la misma irrupción del Esquema Conceptual Referencial Operativo de Pichon-Rivière (1956) tuvo importancia definitoria el análisis del vínculo y otras estructuras interaccionales (grupo, organización, comunidad, etc.) que son no solo instancias de relación del sujeto sino lugares de configuración del mismo. A comienzos de los setenta Pichon-Rivière, aumentando la apuesta consideró siguiendo a Marx (1845), que no hay nada en el sujeto que no sea producto de la interacción entre individuo, grupo y clases (Pichon-Rivière, 1972).

En ese marco ideológico y teórico cobró significatividad el papel que el otro concreto, objetivo, externo, tiene en la configuración de la subjetividad y la conducta. Y no se trataba solamente de otro inmediato (vínculo, familia) sino del otro como categoría que refiere también al orden socio-histórico. El contexto histórico social es, para este pensamiento, el que establece en última instancia, los límites y las posibilidades de la salud mental así como los límites y posibilidades de desarrollo de la subjetividad colectiva, es decir, los modos de conciencia social posibles en una comunidad dada.
No se trata sólo de reflexionar sobre un problema teórico e ideológico
sino a la vez sobre un problema práctico: los límites y posibilidades de nuestras propias intervenciones psicosociales.

El Mundo Externo, como categoría de la Psicología social, se corresponde a lo objetivo. Lo objetivo es “lo que corresponde al objeto” y por ello “lo que no reside meramente en el sujeto”, según señala Ferrater Mora (1958). En este sentido, objetivo se opone a subjetivo y abarca el término “mundo externo” o “realidad externa” que aquí indagamos.

Dice el mismo filósofo:

“Desde Baumgarten y Kant se usa ‘objetivo’ como ‘lo que no reside [meramente] en el sujeto en contraposición por ‘subjetivo’, entendido como ‘lo que está en el sujeto’. El objeto designa entonces la ‘realidad’ o ‘realidad objetiva’ en oposición al sujeto, que visto desde fuera es un objeto, pero que visto desde dentro es aquello que conoce, quiere o siente el objeto”. (Ferrater Mora, 1958. p. 981).

Para evitar equívocos recordemos que el mundo social y humano, las creaciones de la cultura en general, son desde la perspectiva de los sujetos, tan objetivos como la misma naturaleza. Sociedad y naturaleza son, para los sujetos, mundo objetivo.

Los ámbitos de la conducta

Nos referimos al inicio de este artículo a la necesidad de identificar las dimensiones o componentes del mundo externo y realizar algunas definiciones operacionales que acerquen el concepto a sus referentes empíricos. Nos apoyamos con ese fin en el esquema de los Ámbitos de Pichon-Rivière (1956-7) al que consideramos un “mapa” valido, con relación al tema de este trabajo, el mundo externo y esas posibles definiciones operacionales. Corresponde desarrollar ahora este esquema. El mismo está compuesto por el ámbito comunitario, el institucional, el grupal (o sociodinámico), y por último, psicosocial (individual).

Ámbitos de la conducta (Pichon-Rivière)

Orden general de determinación.

Este esquema puede complejizarse incluyendo mayores especificaciones, señaladas en el gráfico siguiente con líneas de puntos:

Orden general de la determinación.

El sujeto y el cuerpo (Ámbito psicosocial y Área de expresión del cuerpo)

El sujeto (en el sentido de persona o individuo) es subjetividad pero también objetividad. Su cuerpo es (fenomenológicamente considerado), mundo externo. Es materialidad física y biológica. Somos un cuerpo aunque
también, tenemos un cuerpo. Somos el cuerpo que tenemos y tenemos el cuerpo que somos.

En el cuerpo (materialidad biológica), se inscribe nuestra historia personal así como la cultura (materialidad social). Desde el cuerpo, a través del cerebro, el sujeto produce símbolos, representaciones, subjetividades.

En sentido psicológico somos un cuerpo pero, muchas veces, no lo tenemos; lo desconocemos. Se nos presenta como ajeno, extraño, como cuerpo o desconocer ese registro de necesidad, negando lo sensorio-corporal. Sujeto y cuerpo (subjetividad y objetividad) pueden estar, en este sentido, integrados o disociados.

El vínculo y el grupo (Ámbito sociodinámico)

El vínculo y el grupo son, junto con el cuerpo, la exterioridad más inmediata de la experiencia subjetiva y la vida social. El vínculo compromete representaciones internas pero también una existencia material (objetiva), la de los otros externos. En ese sentido vínculo y grupo son parte del mundo exterior, objetividad para el sujeto.

Los vínculos y los grupos son escenarios o contextos que albergan, sostienen, orientan, presionan y condicionan la subjetividad y las conductas que expresan y constituyen esa subjetividad.

El esquema de los Vectores de Cono Invertido es el que permite comprender y abordar este ámbito, al que puede agregarse el protocolo de análisis sobre procesos grupales construido por Pichon-Rivière y Ana Quiroga 4.

Los vínculos y grupos están siempre situados en contextos institucionales y comunitarios. Se trata de macrocontextos que ofrecen determinaciones específicas. Por ello mucho de lo que ocurre en cuerpo, los vínculos y los grupos se comprende solo a partir de una lógica que proviene de las instituciones sociales y los procesos socio-históricos.

Las instituciones

Las instituciones son creadas, sostenidas y modificadas por sujetos individuales y colectivos. Creadas a partir de ideas que surgen de prácticas y necesidades sociales. Una vez creadas y en funcionamiento suelen aparecer como pura exterioridad y objetividad.

Las instituciones abarcan tanto los establecimientos (escuelas, fábricas, hospitales, cárceles, el propio Estado) como las dimensiones simbólicas que entraman el orden socio-histórico: la familia (en su carácter normativo y jurídico), la educación, la salud, la justicia, la política, los medios de comunicación, etc.

La organización espacial de una institución (dimensión material) tanto como la “cultura organizacional” (dimensión simbólica) producen efectos en las personas. Las instituciones son, para el sujeto, mundo externo, realidad objetiva.

En las instituciones se desarrolla, constituye, sostiene, reproduce y transforma la subjetividad. Berger y Luckman (1968), así como E. Goffman (1988), estudiaron los procesos de institucionalización, mostrando los modos de tipificación de las conductas humanas. Los sujetos, a través de un aprendizaje de roles, institucionalizan sus conductas. En el marco de esas institucionalizaciones se van personificando ó despersonificando, realizando o alienando (individual y socialmente). De bebé se pasa a niño y se aprende simultáneamente un modo de ser hijo/a. Luego se aprende a ser alumna/o de primaria, estudiante de secundaria, pareja, madre o padre, televidente y consumidor de servicios y bienes, militante político y ciudadano/a.

Las instituciones, en el sentido amplio y en el sentido más restringido (organizaciones sociales y establecimientos), están fuertemente definidas y determinadas por el orden socio-histórico. En cada institución se contemplan, ignoran o manipulan distintas necesidades humanas (salud, educación, seguridad, subsistencia, realización, etc.). Cada sujeto desarrolla una “carrera moral”, al decir de E. Goffman; un recorrido institucional-psicológico que configura identidades específicas, estrechamente relacionadas a los procesos de institucionalización subjetiva que cada orden social instituye.

El ámbito comunitario

El ámbito comunitario es el más abarcativo de todos y además, el más determinante. Los sujetos somos producidos por este ámbito a la vez que somos productores del mismo.
Son parte del ámbito comunitario las producciones materiales y símbólicas que resultan de la actividad subjetiva individual y colectiva. Estas creaciones o producciones se objetivan en productos de la cultura, en el sentido amplio de este término.

Las ideas se transforman en objetos: los sueños y proyectos de construcción de máquinas de volar se objetivaron en diseños y producciones de aviones.

También se crean teorías. Un autor inventó una teoría que plantea que la persona que enferma es portavoz de modalidades patológicas de interacción familiar y social (Pichon-Rivière, 1956). Una vez puesta en circulación social la teoría pasa a condicionar las formas de percepción de lo real y desde allí modos de interacción concretas (materiales, objetivas).

Lo mismo sucede con la producción artística. El mundo que vivimos está ineludiblemente interpenetrado por las obras de Picasso, Berni, Yupanqui, Beethoven, Shakespire, Bach, Arlt, por nombrar sólo algunos de las innumerables personas que contribuyeron a modelar la experiencia de nuestro mundo externo. Sus obras son producciones subjetivas que al objetivarse conforman el horizonte de experiencia a partir de la cual se gesta y desarrolla cada subjetividad.

El Ámbito comunitario, en su máxima extensión, es abordado por el concepto Orden Socio Histórico, dentro del cual se delimitan, a partir de la Economía política, los Modos de Producción. Estos conceptos apuntan a definir factores estructurantes que describen la lógica de grandes conglomerados humanos, formados por millones de personas, distribuidos a lo largo y lo ancho del planeta.

Un Orden social está formado por sujetos, grupos, sectores y clases sociales. Las clases sociales están conformadas por extensos colectivos humanos delimitados a partir de la ubicación que sus integrantes tienen con respecto a la actividad productiva.

Siguiendo a V.I. Lenin, dice Pierre Vilar:

“Llamamos clases a grandes grupos de hombres que se diferencian por el lugar que ocupan en un sistema históricamente definido de producción social, por su relación (fijada y consagrada por las leyes en la mayoría de los casos) con los medios de producción, por su función en la organización social del trabajo, por lo tanto, por los modos de obtención y la importancia de la parte de que disponen. Las clases son grupos de hombres, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro gracias al distinto lugar que ocupa en una estructura de determinada economía social”.

El Modo de producción supone una forma de producción y reproducción de la vida cotidiana por parte de los integrantes de cada clase. A través de las actividades productivas se satisfacen necesidades sociales, en un marco de relaciones sociales específicas.

Todo Modo de producción tiene una Estructura y una Superestructura. La Estructura social está integrada por Fuerzas productivas y Relaciones de producción.

Las Fuerzas productivas incluyen las Capacidades de producción de los hombres, tanto como los Instrumentos con que se realiza esa producción.

Las Relaciones de producción son el tipo de relaciones sociales que se dan en el ámbito de la actividad productiva. En las mismas son fundamentales las Relaciones de propiedad que instauran la diferencia (y desigualdad) entre quienes son dueños de los Medios de producción y quienes cuentan solo con su fuerza de trabajo.

La Superestructura social está constituida por dimensiones políticas, jurídicas y culturales. La ideología de la época, las representaciones sociales, los prejuicios y creencias, los emergentes sociales de cada aquí-ahora de la vida cotidiana son parte de esta Superestructura social a la que también pertenecen algunas instituciones como el Gobierno y el Estado. Cada Estructura económica se corresponde con un tipo de Superestructura política, jurídica y cultural que apunta, en términos generales, a legitimar el Modo de producción de que se trate. (Marx, 1859).

Para comprender muchos aspectos de la dinámica social es necesario identificar las clases y sectores sociales que intervienen y generan esa dinámica. Entre estas clases y sectores sociales se producen y reproducen relaciones de consenso y disputa (lucha de clases). Las clases dominantes, por regla general, establecen relaciones de poder, control y dominación, destinadas a preservar sus privilegios materiales y simbólicos. El resultado general, en cada aquí y ahora, de esta lucha de clases (en lo económico y lo cultural), incide de modo más o menos directo en las condiciones de vida de cada clase y sector social y, por medio de distintas mediaciones, en la vida de cada persona.

Hasta el presente existieron los siguientes Modos de producción: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo.

El Comunismo primitivo se caracterizó por la propiedad colectiva de los medios de producción. Si bien supuso distintos sectores sociales, los mismos no llegaron a establecer el tipo de antagonismo al que se alude con el concepto clase social.

El Esclavismo estuvo constituido por dos grandes clases: esclavistas y esclavos. En las mismas el antagonismo y la desigualdad de clase fueron máximos, al nivel de que los esclavistas negaban a los esclavos la propia condición humana.

El Feudalismo supuso básicamente dos clases sociales: los señores feudales (terratenientes) y los siervos. Sin embargo existieron en el mismo otros sectores constituidos sobre todo por los campesinos libres y los artesanos.

El Capitalismo se compone de dos grandes clases, la burguesía y el proletariado. El proletariado se constituyó inicialmente en Europa sobre la base de una violenta desposesión de los campesinos y artesanos. Se crearon de esa manera “ciudadanos libres” (sobre todo “libres” de tierras propias e instrumentos de producción) que no tuvieron otra posibilidad que emplearse en las fábricas, vividas como cárceles. En el capitalismo, además de los burgueses y los trabajadores asalariados se encuentran los terratenientes que son una rémora del Feudalismo que, en países como la Argentina tienen un peso significativo. Las clases medias (también llamada pequeña burguesía) tienen mayor o menor extensión según el grado de desarrollo que haya alcanzado la sociedad capitalista de que se trate, teniendo en el siglo XX un papel significativo.

El Socialismo tuvo su primera expresión en la Comuna de París (1870), un primer ensayo de relaciones socialistas. Logró mantenerse en el poder en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviética) así como en la República Popular China y en Cuba. En esos países se pusieron en marcha experiencias de construcción de una sociedad socialista en los cuales se intentó por primera vez en la historia humana resolver positivamente la contradicción entre la producción social y la apropiación privada de los medios de producción. Estas experiencias fueron dirigidas por los respectivos Partidos Comunistas.

Además de las delimitaciones de clase los grupos y sectores sociales se clasifican por medio de referencias y pertenencias étnicas, ideológicas, culturales, generacionales, religiosas, políticas, etc.
Un sujeto individual pertenece simultáneamente a varios grupos y no puede comprenderse por fuera de esa pertenencias; siempre es parte integrante de un sujeto colectivo con referencia al cual se constituye, define y modifica.

Además de los Modos de producción, que permiten explicar rasgos centrales e ineludibles de cada sociedad – y por lo tanto de cada sujeto -, se encuentran las relaciones entre sociedades, países y regiones del mundo. Básicamente se consideran las relaciones entre centro y periferia, las cuales se corresponden con la relación entre países imperialistas o dominantes y países dependientes o subdesarrollados.

Junto con la Economía Política y la Sociología, son fundamentales, para comprender el ámbito comunitario que nos ocupa, la Geografía y la Historia, entre otras disciplinas que aportan elementos a la comprensión del proceso socio-histórico.

Lo socio-histórico en palabras de Pichon-Rivière

Pichon-Rivière se refiere al ámbito comunitario, en su significación más extensa, la cual remite a las condiciones socio-históricas de producción, en los siguientes términos.

“El análisis de los distintos criterios y definiciones de salud, y de las formas de organización y asistencia que inspiran o justifican nos remite a sus condiciones de producción, condiciones histórico – económico – políticas”. Agrega: “Toda definición, toda teoría de la salud y enfermedad implica y reenvía a una concepción del sujeto, del mundo y de la historia que la fundamenta”.

En el mismo artículo señala que el criterio de salud debe referirse a:

  • un sistema de representaciones
  • una infraestructura de relaciones sociales de producción

Y dice: “Como condensación de la ideología dominante tendrá el carácter ocultante y mistificador que le confiere a esa ideología su papel en la lucha de clases”.

Asimila la norma de salud a la norma jurídica (asentadas ambas en las relaciones de producción y propiedad y necesidades de control social). Agrega que se da “una sanción social semejante: marginación y descalificación sistemática de sus actos y pensamientos”.

Se trata de procesos que teniendo origen en lo social inciden directamente en los sujetos (en sus representaciones y sus prácticas). Llega a la conclusión de que: “La estructura social configura el tipo de sujeto apto para su reproducción”. Y que la dominación se mediatiza por la acción de instituciones y roles sociales. “Este aparato de dominación…tiene sus cuadros en psiquiatras, psicólogos y otros trabajadores en el campo de la salud que vehiculizan una concepción jerárquica, autoritaria, dilemática y no dialéctica de la conducta”. 5

Desde estos roles estereotipados se configuran como “líderes de la resistencia al cambio, condicionantes de la cronicidad del paciente…”.

La lucha ideológica (un aspecto de la lucha de clases) se da también en el terreno teórico. Al sostener la Adaptación activa como criterio de salud se aclara que:

“Adaptación no implica aquí ‘competencia social’, aceptación indiscriminada de normas y valores, sino por el contrario, una lectura de la realidad con capacidad de evaluación y propuestas de cambio”. (Pichon-Rivière, 1974)

El enfoque multidimensional de Pichon-Rivière, que se hace visible en el texto transcripto, es un rasgo fundacional de su teoría. La Psicología social se construye en una práctica interdisciplinaria (1956) que a través de una epistemología convergente (1967) se postula como una interciencia (1969).

Por ello la Psicología (social), como perspectiva y como disciplina, se nutre y compone de los aportes de las distintas escuelas psicológicas así como por los de la sociología, la historia, la antropología, la economía política, etc. El mundo externo, la objetividad que aborda cada una de estas disciplinas, son aportes fundamentales para comprender el concepto mundo externo, al que consideramos como horizonte objetivo de la conducta humana.

Desarrollados las dimensiones específicas del Mundo Externo, delimitadas por el esquema de los Ámbitos, así como por algunas definiciones operacionales que permiten vincular los conceptos a sus referentes empíricos, podemos pasar a considerar los conceptos que describen los nexos que conectan a cada sujeto particular con los sujetos colectivos, constituidos por grupos, instituciones y comunidades.

Los nexos entre Mundo Interno y Mundo Externo

¿Cuáles son los puentes que permiten el intercambio entre Mundo exterior y Mundo interior? ¿Cuáles son los mecanismos que articulan las dos dimensiones que configuran el objeto de estudio de la Psicología desde una perspectiva social-vincular? ¿Cuales son las conexiones que permiten que el Mundo externo se transforme en Mundo interno y viceversa? ¿De qué manera lo subjetivo se hace objetivo y lo objetivo se hace subjetivo en cada aquí-ahora de la experiencia cotidiana?

Los conceptos que describen el mecanismo de mayor nivel de generalidad referido a este nexo entre mundo interno y mundo externo son el de Internalización y el de Externalización. La internalización describe el pasaje de un objeto (mundo externo) al ámbito del sujeto (su mundo interno). La externalización supone el movimiento contrario. Estos términos subrayan el hecho de que lo que se externaliza o internaliza, no son imágenes u objetos aislados sino estructuras o relaciones 6, en las que no sólo intervienen varios objetos sino también el segmento del propio sujeto vinculado a esos objetos (Fairbairn, 1978).

Otros conceptos que refieren a los intercambios entre mundo interno y externo son Proyección e Introyección, así como Identificación proyectiva e Identificación introyectiva, en el sentido que les da Pichon-Rivière (1956-7) quien los considera no sólo en su dimensión defensiva sino también instrumental.

Otro proceso que articula los intercambios interno-externo son los mecanismos de Adjudicación y asunción de roles 7 así como los procesos de Depositación. Los primeros, adjudicación y asunción de roles, hacen hincapié en las estructuras o funciones y los segundos, la depositación, en los contenidos psíquicos, es decir las fantasías que son depositados por un depositante en un depositario (Teoría de las Tres “D” de Pichon-Rivière).

Registros primarios y secundarios de los nexos

Estos “mecanismos” o “técnicas del yo” que articulan el intercambio de lo interno y lo externo operan en un registro “primario” tanto como en un registro “secundario”, en el sentido de los Procesos primarios y secundarios, descriptos por Freud. Se trata de procesos visibles-invisibles que se conforman de modo caleidoscópico y presentan movimientos críticos de subjetivación y objetivación.

La Internalización, en términos de procesos secundarios, refiere por ejemplo, a la memorización de una serie de conocimientos como puede ser los conceptos de una teoría.

En términos de procesos primarios supone la construcción, en el mundo interno del sujeto, de un objeto y/o grupo interno. Con este término se designa a objetos externos que pasan a tener un particular significado para el sujeto, los que supone una intensa implicación emocional.

La externalización, en términos de proceso secundario, puede relacionarse a lo que la Psicología cognitiva designa “atribución cognitiva” y/ó a la exteriorización de una “red conceptual interna” a través de la cual intenta comprenderse una situación dada.

La externalización, en términos de proceso primario, puede observarse, de modo prototípico y a modo de ejemplo, en el caso de la creación artística. El sujeto deposita en el material con el que va a construir la obra (la página en blanco, la arcilla, el espacio escénico y sus personajes) sus redes vinculares y sociales internalizadas. Esta exteriorización de su mundo o grupo interno supone objetos y vínculos fuertemente cargados de componentes emocionales, ligados a rasgos nucleares de su identidad personal y social.

Los sujetos hacemos “atribuciones cognitivas” sobre las cosas, externalizamos “redes conceptuales internas” y utilizamos nuestros marcos referenciales (compuestos de conceptos y experiencias) para acercarnos a la realidad –o para evitarla-. Estos procesos, que se corresponden con el “vínculo racional”, como los denominaba Pichon-Rivière hacia mediados de los cincuenta, utilizan los códigos de los procesos secundarios. Estas “atribuciones cognitivas” se corresponden con otros procesos (primarios) como son la depositación, que Pichon-Rivière relacionó en algún momento al “vínculo irracional”, y la adjudicación de roles.

El mundo externo “activa” zonas de nuestros marcos referenciales o redes conceptuales internas. La activación es cognitivo-verbal y compromete, de modo más explícito o implícito, percepciones e imágenes. Este proceso (secundario) se conecta y realimenta con la activación de fantasmas y sensaciones que se pueden agrupar en la categoría de “resonancia” (interna). Los objetos nos producen resonancias fantasmáticas y “entran” en nosotros en la medida que “adoptamos el rol” que se nos adjudica desde la situación.

Los nexos (internalización y externalización, etc.) describen los modos genéricos de relación entre mundo interno y mundo externo.

Otros mecanismos cualifican esos modos genéricos; señalan su instrumentalidad-operatividad vs. su carácter meramente defensivo. 8

Según Pichon-Rivière (1967) “La adaptación activa a la realidad, criterio básico de salud” es evaluada “según la operatividad de las técnicas del yo (mecanismos de defensa)”. Las técnicas del yo actúan en forma multidimensional (horizontal y vertical, situacional, adaptativa, operacional y gnoseológica). Este proceso supone “…una primera fase, que podemos llamar teórica, realizada a través de técnicas de percepción, penetración, depositación y resonancia (empatía), en la que el objeto es reconocido y mantenido a una distancia óptima del sujeto (alteridad)”.

El proceso de conocimiento supone, respecto del objeto un “Abordaje que tiende a aprehenderlo y modificarlo, constituyéndose así el juicio de realidad, criterio de salud y enfermedad mental, a través de una permanente referencia, verificación y evaluación en el mundo externo”.

Por ello “La adaptación activa a la realidad y el aprendizaje están indisolublemente ligados”. Cuando predominan las defensas el intercambio con el mundo se hace rígido y estereotipado; se produce, en el terreno intrasubjetivo, un “bloqueo de las emociones y de la actividad de la fantasía” (Pichon-Rivière, 1960) que se corresponde con un pensamiento que pierde operatividad.

Conclusión

En la primera parte de este artículo se retomaron estudios previos sobre el concepto Mundo interno (o grupo interno) y sus dimensiones. A partir de allí nos abocamos a la exploración del Mundo externo, apuntando a “abrirlo” en tanto concepto, visualizar sus dimensiones y acercarlo de esa manera a sus referentes empíricos. Luego estudiamos los nexos o “mecanismos” que permiten el intercambio de contenidos entre mundo interno y mundo externo. Al conocimiento de los mecanismos genéricos que articulan el mundo subjetivo y el objetivo se añadió el problema de la cualificación de esa relación, en términos de adaptación activa y adaptación pasiva.

El objetivo principal planteado, esto es el estudio del concepto mundo externo en la Psicología Social, produjo un resultado imprevisto: en los conceptos centrales de la teoría de Pichon-Rivière descubrimos una simultánea referencia a lo subjetivo y lo objetivo. Los conceptos más centrales de esta teoría abarcan, en un mismo tiempo y espacio, las dimensiones internas y externas, tanto del sujeto, su conducta y los nexos que se establecen con el mundo externo. Así sucede con los conceptos Tarea, Conducta, Vínculo, Portavoz y Adaptación Activa, por señalar los principales. La perspectiva dialéctica del creador de estos conceptos se objetivó en categorías teóricas que, formuladas en estrecho contacto con prácticas específicas, lo condujeron a elaborar aportes teóricos inestimables para la construcción de una Psicología definida como Social.

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  1.  Trabajamos este concepto en la Materia Teoría de la Estructuración del Psiquismo y Teoría de la Conducta (1999-2008), en la Primera Escuela Privada de Psicología Social fundada por Enrique Pichon-Rivière. El concepto grupo interno es motivo de una investigación en curso, en la cual nos acompaña y orienta el Dr. Hernán Kesselman.
  2. Con el fin de indagar el Grupo interno de un sujeto puede solicitársele que identifique dos o tres objetos inanimados significativos, inscriptos en su mente. La relación entre esos hace visible la naturaleza problemática, dialógica y contradictoria de la subjetividad. Puede verse la contradicción entre los objetos, en cada objeto y con referencia al tercero que intercede (como obstáculo y/o facilitador).
  3. El pensamiento del sujeto puede describirse en términos de marcos referenciales y/ó redes conceptuales internas. Sobre el primer término (marcos referenciales) habló Pichon-Rivière; de las redes conceptuales internas y las estructuras lógicas nos informan, respectivamente la pedagogía (Galagovsky Kurman, 1996) y la Psicología de J. Piaget. El concepto lenguaje interno remite a la obra de Vigotsky (1995).
  4. Pichon-Rivière, E.; Quiroga, A. P. de. (1969). Breve guía para el aprendizaje del rol de observador de grupos. Buenos Aires. Ediciones cinco.
  5. Agrega en este punto: “Estos agentes correctores, cuya ideología y personalidad autocrática les impide incluir una problemática dialéctica en el vínculo terapéutico, establecen con sus pacientes relaciones jerárquicas en las que se producen el par dominador-dominado, incapacitándose para comprometerse también ellos como agentes de la tarea correctora, llegando en el mejor de los casos a ser lúcidos observadores del acontecer del paciente”. “Pueden establecer quizás una simbiosis o una situación siamésica pero nunca un vínculo operativo, mutuamente modificante”.
  6. Se trata de conceptos claves en Psicología (social). George H. Mead los abordó desde comienzos del siglo XX y Sigmund Freud (1920-1), desde otro punto de vista, aportó valiosas referencias. Mead plantea que hay internalización del orden social y externalización de lo previamente internalizado. Freud afirma que el superyó se produce por internalización de la figura de los padres y que el propio yo del sujeto, o muchas de sus características, surge por efecto de las identificaciones con otros.
  7. Pichon-Rivière define los roles como un “modelo organizado de conducta referente a una posición en una estructura interaccional vinculado a expectativas propias y de los otros”. Los mismos se configuran para asumir o negar una tarea.
  8. Los obstáculos que intervienen en la relación de intercambio entre mundo interno y mundo externo fueron clasificados en términos de epistemológicos y epistemofílicos. Un tercer obstáculo, el epistemopráctico (Fabris, 2004. En Fabris, F. Galiñanes, MD. 2004. p.113) refiere a un déficit de acción o práctica por parte del sujeto que se transforma en un consecuente empobrecimiento de su mundo interno y su yo (en el que interviene también la “restricción yoica”). Un tema que no podemos abordar en este trabajo es el del carácter crítico del proceso de internalización que nunca es simple y directo y supone la participación activa del sujeto (véase Fabris, 2002 p.88-89).

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